SOBRE MÍ

martes, 17 de enero de 2017

El cuento en el que alguien vivió y ya.


Mira, nuestra vida es aburrida... Nos han engañado. Las historias, películas, series, libros que consumimos… nos hacen sentir que algo va a pasar. Estamos a la expectativa, aún inconscientemente, de ese giro dramático que haga desencadenar la sucesión de acontecimientos que formarán nuestra historia. La que contaremos a los nietos. Pero la vida no suele suceder así.

http://cinismoilustrado.com/
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Leí el otro día un post en este blog acerca de la razón que daba Kurt Vonnegut para explicar que nos guste tanto el drama y que alguna gente lo busque tanto en su vida. En realidad es bastante evidente y quizá es simplificar el tema, porque no tiene en cuenta muchos otros factores, pero me gustó la manera de explicarlo y creo que algo de eso hay.

Las historias suelen tener una estructura similar en la que se nos presenta, por ejemplo, alguien desgraciado al que de repente le pasa algo genial y ese algo genial encuentra alguna dificultad pero acaba triunfando. El típico cuento de hadas.

O bien se empieza en una situación normal, se plantea un hecho desgraciado, pero se consigue remontar y volver al estado inicial o mejor.

Sin embargo nuestras vidas siguen una línea bastante continua y nuestros puntos álgidos o bajos no suelen alcanzar esos picos, ni hacerlo de una manera constante.

Es evidente que a veces ocurren cosas, buenas y malas, pero en general, en el primer mundo, estamos destinados a una vida bastante previsible y monótona. Hemos mamado esas historias y nuestra vida ahora no nos da esa dosis de drama que anhelamos.

Y por eso nos atraen las telenovelas, el cotilleo, los deportes, las peleas, etc. Porque apelan a nuestros deseos más básicos de drama, de emociones. Y quizá por eso creamos problemas donde no los hay, nos sentimos objetivo de grandes injusticias y vilezas y exigimos una satisfacción guante en mano. O esperamos a aquella persona que nos diga que somos especiales y dignos de algo mejor o que nos salve. O hacemos locuras pensando que necesitamos ponerle sal a la vida.

Y me pregunto: ¿buscamos esas historias para que nos ofrezcan lo que nos falta o pensamos que nos falta algo porque llevamos desde siempre escuchando esas historias?

¿Las buscamos simplemente para distraernos y sobrellevar nuestra aburrida vida, para no tener que pensar?

Muchas veces me he preguntado por esos pueblos que viven aislados y no tienen todos los estímulos que tenemos nosotros. Que aspiran básicamente a sobrevivir, buscarse la vida y pasarla con tranquilidad, que no es poco. Que quizás ya saben cómo va a ser su vida y lo aceptan porque siempre ha sido así y no se plantean otras opciones. (O no, a lo mejor también tiran de autoayuda y escriben en su diario mientras miran melancólicamente las estrellas...)

Y nosotros, al contrario, justo porque prevemos como va a ser pero también creemos que hay muchas otras vidas que podrían ser, somos presas del pánico.

Supongo que todas las culturas tienen sus historias, ¿pero son todas iguales? ¿Hasta qué punto nos influyen? ¿Y seríamos capaces de dejar de contárnoslas y aceptar la realidad por aburrida que sea?  ¿Convivimos con ellas por gusto o por necesidad?
Esta dicotomía entre buscar una rutina eficiente y productiva frente a desear algo distinto e inesperado es a veces agotadora.


lunes, 9 de enero de 2017

Carta de una desconocida



Llevaba unos días pensando en el tema del enamoramiento, en la manera en la que a menudo idealizamos a la persona en la que hemos posado nuestra mirada. Le daba vueltas a lo irracional que es mi actitud a veces, y supongo que la de otros muchos, que sé que no soy única en estas comeduras de coco. Como uno se puede obsesionar y querer sumergirse en el mundo del otro. Y como en fantasías recreamos encuentros de todo tipo, felices o desdichados, tiernos o apasionados… Y en esto que le cogí prestado a mi hermana Carta de una desconocida de Stefan Zweig. Había visto la película hace tiempo y recuerdo que me resultó conmovedora. Pero no esperaba que me llegara tanto esta carta de amor y que viniera tan a propósito con lo que andaba barruntando.

 No quiero contar demasiado por si alguien no conoce la historia pero se trata de una carta en la que una mujer va relatando su historia de amor, desnudando sus sentimientos, sincerándose, compartiendo sus procesos mentales y sus acciones aún cuando sabe que son irracionales. Con una determinación contra viento y marea. Te hace plantearte muchas cuestiones acerca del amor, de cómo es fácil juzgar la actitud de esta mujer desde el sentido común y el pragmatismo y sin embargo a su vez admirarla porque desde luego no eligió el camino más fácil. 
Me gusta la manera en la que Zweig lo cuenta, de manera tan directa y sencilla y como deja al lector la labor de juzgar a los personajes.

Quería compartir unos fragmentos en los que creo queda bastante bien explicada esa sensación con la que a veces nos enfrentamos al amor. Al menos a mí me ha pasado, vivirlo como un secreto, tan real y vivo en mi cabeza pero sin saber bien cómo llevarlo a la vida real, y casi sin querer romper el hechizo.

Desde aquel momento te quise. Sé que muchas mujeres te lo han dicho a menudo, a ti, tan mal acostumbrado, pero créeme, ninguna te ha querido tan devotamente como yo, ninguna ha sido tan fiel ni se ha olvidado tanto de sí misma como lo he hecho yo por ti. No hay nada en el mundo que sea equiparable al secreto amor de una niña que permanece en la penumbra y tiene pocas esperanzas. Es humilde y servil, tan receloso y apasionado como nunca puede serlo el amor inadvertidamente exigente y lleno de deseo de la mujer adulta. Sólo los niños solitarios pueden contener su pasión. Los otros hablan de sus sentimientos en grupo, se abren estimulados por la confianza y han oído hablar y han leído mucho sobre el amor; saben que es un destino común para todos. Juegan con él como un juguete, presumen de él como los muchachos con su primer cigarrillo. Pero yo… yo no tenía a nadie en quien confiar, nadie me había instruido ni prevenido, ni tenía experiencia alguna. No sabía nada. Me entregué ciegamente a mi destino como quien se lanza a un abismo. Todo lo que crecía y florecía en mí se volcaba en ti, no dejaba de soñar contigo, mi único confidente.

Y la obsesión que a veces acompaña. El querer saberlo todo. ¿Qué ve, qué lee, qué escucha, qué piensa? Intentar ser invisible y visible a la vez. Sentir miedo e ilusión. Sentir que quieres ser mejor. E interpretar todo como una pista, un indicio de que tú también eres reconocida. Es un juego pernicioso pero inevitable.

Todo existía sólo si tenía relación contigo, toda mi vida sólo tenía sentido si se vinculaba a ti. Transformaste toda mi existencia. En el colegio pasé a ser la primera de la clase, en lugar de una alumna mediocre e indolente. Leía mil libros hasta altas horas de la madrugada porque sabía que tú los adorabas. De pronto, para asombro de mi madre, empecé a tocar el piano de forma obsesiva porque creía que amabas la música. Lavaba y cosía mi ropa solo para parecerte pulcra y aseada. Me horrorizaba que mi viejo delantal del colegio (era una bata de mi madre transformada en delantal) tuviera un remiendo cuadrado a la izquierda. Temía que lo pudieras detectar y me despreciaras; por eso lo escondía siempre detrás de la cartera mientras subía las escaleras corriendo. ¡Qué ingenua! Tú apenas volviste a fijarte en mí, apenas me miraste otra vez.
Y con todo, yo no hacía otra cosa en todo el día que esperarte y espiarte. Nuestra puerta tenía una pequeña mirilla de latón, por cuyo agujero redondo se podía ver la puerta de tu casa. Esta mirilla –no, no te rías, querido; aún hoy, aún hoy no me avergüenzo de aquellas horas- era el ojo por el que yo veía el mundo. Allí, en el recibidor helado, temiendo las sospechas de mi madre, pasé muchos meses y años con un libro en la mano, tardes enteras al acecho, tensa como la cuerda de un violín que vibraba cuando tu presencia la rozaba. Siempre estaba a tu alrededor, siempre en tensión y movimiento, pero tú no podías advertirlo; era como la presión del muelle del reloj que llevas en el bolsillo, que pacientemente cuenta y mide tus horas a oscuras, que te acompaña en tu trayecto con palpitaciones inaudibles y sobre el cual tu mirada rápida se desliza solamente una vez en millones de segundos ininterrumpidos. Lo sabía todo sobre ti, conocía cada una de tus costumbres…


Afortunadamente mis historias no llegan a estos límites dramáticos. Pero logro comprender en cierto modo ese sentimiento que a veces te puede embargar. He tenido muchos “amores platónicos” (sé que el concepto no es exacto, Platón hablaba de otra cosa, pero siempre los he llamado así) que nunca llegaron a nada, y nunca sabré si podrían haber llegado a algo porque nunca lo intenté.  Mis relaciones siempre han comenzado de manera más realista y sin tantos preámbulos. No sé si de haber pasado de sueño a realidad habría sido decepcionante o no. Probablemente mis expectativas hubieran sido inalcanzables porque sobre todo no se basaban en la realidad, sino en algo construido por mí en mi cabeza. Soy consciente de ello y de como esta fantasía del amor nos la han colado y de que no necesitamos una media naranja y todo eso, pero no puedo dejar de plantearme cómo sería.

Y a veces pienso como esas personas no tienen ni idea de que en mi mente han vivido muchas vidas distintas y en como me han acompañado y han sido importantes para mí en distintos momentos de mi vida. Y pienso en si les gustaría saberlo. Así a posteriori, solo por ser conscientes de ello. Si les resultaría agradable, o al contrario, pensarían que soy una loca o que no tengo derecho de poner esa carga a sus espaldas de repente.

Creo que a mí me gustaría saberlo si alguien hubiese pensado en mí de esa manera. Saber que aún inconscientemente he podido marcar una diferencia y haber hecho compañía a alguien en momentos en lo que quizá lo ha necesitado.Y claro, también está mi ego, que podría quedar satisfecho y sentirse importante.

Y es el ego, el orgullo, el que a su vez impide que lo haga, el que hace que tantas veces ocultemos nuestros sentimientos por miedo a que sean ninguneados, pisoteados sin miramientos o compadecidos. Por eso me ha gustado en esta historia la visión del amor como algo incondicional, como algo que podemos sentir independientemente del otro y que no debería avergonzarnos. Me encantaría ser capaz de amar así, (no quiero un destino como el de la historia pero...) de una manera más libre, más despegada, más desprendida...

Fragmento de Soleá del amor desprendío de Manuel Benítez Carrasco
 
Tú fuiste flor de verano,
sol de un beso, luz de un día;
yo te cuidaba en mi mano,

y en mi mano te acunaba,
y tú, por pagarme, herías
la mano que te cuidaba. 

Pero al hacerlo, olvidabas
(tal vez por ingenuidad),
que te di mis sentimientos
no por tus merecimientos
sino por mi voluntad.

Yo no puse en compraventa
mi corazón encendío;
y has de tener muy en cuenta

que mi cariño no fue
ni comprao ni vendío,
sino que lo regalé.

Porque yo soy desprendío;
por eso te di mi rosa
sin habérmela pedío.

jueves, 5 de enero de 2017

Tábula rasa



Comienza un año más y esta sensación de estrenar, como cuando se estrena cuaderno nuevo empuja a quien más y a quien menos, a querer hacerlo mejor. Siempre me digo que este cuaderno no lo voy a llenar de tachones, lo voy a llenar de palabras relevantes e inspiradoras, ideas y sueños, poesía o arte y no va a ser como los otros… y, o pongo el listón tan alto que me da miedo utilizarlo y ahí se queda… o acaba hecho una guarrería lleno de listas de la compra y sin orden ni concierto como de costumbre. Pero no falla, cada cuaderno en blanco es una promesa, es una aspiración y me hace sentir ese pellizco en el estómago.

Ya llevo unos cuantos años en los que por realista o por pesimista no he querido hacer propósitos o he sido bastante poco ambiciosa o concreta, un simple a ver si lo hago mejor, demasiado general y poco duradero. Sin embargo este año me está llamando el espíritu renovador y organizador y quiero intentar marcarme algunas pautas que puede, o puede que no, me ayuden a avanzar por el camino que quiero seguir.

Pero no sería yo si lo tuviera ya clarísimo. No acabo de decidir qué tipo de propósitos quiero. ¿Cuáles son los que mejor me pueden funcionar, los que tengo más posibilidad de cumplir? ¿Quiero que sean acciones concretas y tangibles o más acerca de mi forma de pensar, mis reacciones y estructura mental? ¿O una cosa llevará  a la otra?

Hasta ahora he llegado a las siguientes conclusiones. No quiero aburrir a nadie con una lista detallada de mis propósitos en concreto pero sí quería compartir las ideas que me han ido llevando a ellos.

Reverse bucket list
Hace un tiempo leí acerca de la idea de hacer una “bucket list” a la inversa. Solemos hacer una lista con las cosas que deseamos hacer en el futuro pero siento que a veces esa lista no es exactamente fiel a nosotros. Hay algunos deseos que pensamos que queremos porque suenan bien, porque son “cool” y el reflejo que nos devuelve es bastante favorecedor. Pero quizá no son para nosotros. Es como la publicidad, nos venden que algo nos va a hacer feliz, tiene buena pinta, pero cuantas veces nos damos cuenta finalmente de que no era para nosotros y ahí se queda arrumbado, un supuesto yo más que tachar. 

Así que la idea de hacer la lista a la inversa consiste, no en hacer una lista de lo que no quiero, sino de cosas que ya he hecho y que me han hecho feliz. Esto puede darme una idea más fiel de lo que realmente me puede proporcionar más satisfacción.  Y a partir de esa lista decidir hacer más de aquello que sabes que te inspira y te da oxígeno. Es cierto que esto puede hacer la lista menos ambiciosa y no ayudarme a salir de mi zona de confort, pero a veces nos obsesionamos con probar cosas nuevas y nos olvidamos de disfrutar de aquellas experiencias que ya sabemos que nos hacen sentir bien, aunque no estén de moda o no formen parte de la vida Pinterest. Así que mi primer propósito es elaborar esa lista y buscar hueco en mi vida para todo aquello que me ha llegado, aunque no sea lo que yo habría pensado de antemano o de esas actividades molonas que solemos encontrar en las listas que enseñamos al mundo orgullosamente.


Formas de pensar
Por otra parte hay tres aspectos que quiero mejorar en general.  Formas de pensar o actuar que llevo arrastrando casi toda mi vida y ante las que quiero estar al menos más alerta para darme el tironcito de orejas cada vez que vuelva a caer.

Asertividad
Por un lado algo que he empezado a hacer a través de este blog pero que quiero que vaya calando en otros aspectos de mi vida. Quiero ser más honesta conmigo misma y con los demás. Quiero mostrarme como soy, no esconder aquello que crea que no va a gustar por miedo e inseguridad. Dar mi opinión aún cuando no sea la mayoritaria y dejarme conocer. Es complicado cuando llevas tanto tiempo programado para adaptarte al entorno, no llamar la atención, no atraer el conflicto y ser uno más. Pero es un miedo que no se sostiene cuando lo analizas y la consecuencia en realidad nunca va a ser negativa. Quien te acepta como eres, pues te estará aceptando de verdad. Quien no te acepte, pues es alguien que no valora tu auténtico tú y que cada uno siga su camino por tanto no será algo realmente negativo.
Que duele que no te acepten, pues claro, pero es que tú tampoco lo aceptas todo y si ya no estás en la adolescencia en la que lo otro, lo que no te pertenece pasa a ser automáticamente lo peor, pues entonces ya sabes que hay muchas cosas totalmente respetables y admirables que simplemente no son para ti. No es nada personal. (Y ahora tengo realmente que creerme que el mundo no se acabará cuando ocurra).

Espontaneidad
Me gustaría ampliar un poquito los agujeritos de mi sistema de filtrado. Pensar tanto cada decisión, cada palabra que vas a pronunciar, cada reacción que lo que haga va a provocar es agotador. Necesito ser un poquito más impulsiva y permitirme meter la pata más. Preguntar más y no quedarme con la duda. Si tengo algo que decir probar a soltarlo tal cual sin que pase las numerosas pruebas de calidad que mi mente le impone. Pulsar enviar sin darle tantas vueltas.
A ver qué pasa. A lo mejor me estampo alguna vez pero es que si no acabo de arrancar nunca no me voy a mover del sitio. Mi mantra va a ser ¿y por qué no?

Autodisciplina
Por último quiero ir trabajando poco a poco mi autodisciplina. Este es un propósito de los de toda la vida. De los de cada septiembre cuando empieza el curso y te prometes que vas a ser constante, que vas a evitar los agobios de última hora, que de repente vas a ser el paradigma de la planificación, el orden y la disciplina. A la de ya... Súper realista todo. Así que este me lo voy a ir dosificando porque con solo desearlo ya tengo más que comprobado que no vale.
Probaré pequeños experimentos, a ver si me doy cuenta de que facilitarse la vida, aunque cueste y dé pereza, acaba mereciendo la pena. Ya lo iré programando y es que al final se irá componiendo de pequeños hábitos que sumándose me lleven a donde quiero.  Hábito a hábito porque mi condición no va a cambiar simplemente con desearlo, y mucho menos a lo grande, en cada aspecto de mi vida por arte de magia. Paso a paso. Ya he conseguido cambiar ciertos aspectos de mi vida así que habrá que seguir, etapa a etapa, y saber que aunque nunca avistemos el destino final sí que al menos estaré avanzando y viendo bonitos nuevos paisajes.

Y he empezado un nuevo cuaderno/agenda/diario también ;) 

martes, 3 de enero de 2017

Breve balance del año



Creo que ya he mencionado alguna vez que soy un pelín negativa y a todo consigo darle la vuelta para ver el lado feo. Y si no lo he dicho creo que resulta bastante evidente con leer un par de párrafos cualesquiera del blog.  Así que estaba escribiendo un post sobre propósitos de año nuevo y esas cosas que tocan ahora y pensé que tampoco estaría mal pararme un poco en los logros de este año que nos ha dejado, para variar.  Ya hablaré de lo que no he logrado algún otro día.

Los dos últimos años han sido para mí años de cambio en varios aspectos. Sobre todo he empezado a ser consciente de la importancia de ser más coherente en mi vida y alinear mis valores  con lo que hago en mi día a día. Y aunque me queda mucho por hacer (sí, ya me estoy quejando pero no me puedo colgar medallas así como así, no sería yo entonces), he cambiado muchos hábitos de los que no me enorgullecía pero que me “calmaban” y a los que me agarraba para conseguir mi efímera dosis de satisfacción.

Ha sido un año en el que entendí qué significaba e implicaba ser una persona introvertida y me hizo comprender aspectos de mí misma que no acababa de asimilar y que no estaba manejando de una manera saludable. He conseguido perdonarme en algunos aspectos y dejar de forzarme a ser algo que no soy. A entender que no soy una versión peor que otras sino simplemente una versión diferente.

Ha sido el año en el que he ido dejando el consumismo irresponsable y compulsivo. He sido más realista con lo que necesitaba. He optado por opciones lo más sostenibles y respetuosas con las personas que desde mi posición de consumidora he podido encontrar. Y ese cambio ha sorprendido a mucha gente porque confieso que durante mucho tiempo recurría a comprar para sentirme mejor, porque era algo que controlaba y porque quería dar una imagen hacia fuera para suplir que en realidad no sabía como dar una imagen de otra manera.

Ha sido un año en el que he seguido cuidando mi alimentación  y me he demostrado que soy capaz de dejar de utilizar la comida para calmar la ansiedad y de organizarme para cocinar con materias primas e ir dejando opciones procesadas.

Este año di un paso hacia un cambio que me lleva rondando la cabeza desde hace 7 años. Me gustaría cambiar de profesión pero el miedo a fracasar, el miedo a estar rindiéndome sin haberlo intentado lo suficiente, el miedo a que tampoco me guste ese otro trabajo y a que el problema esté en mí realmente, toda esa indecisión e inseguridad me habían paralizado todo este tiempo. Este año he dado un pasito para empezar a cambiar de dirección, para prepararme para ello y de paso transmitirle a las personas que me importan mi deseo de cambiar. Queda un largo camino y no sé donde acabaré pero he conseguido tragar saliva y dar el primer paso.

Por último también es el año en el que reabrí este blog. Cuando lo creé hace 8 años (mamma mia!) , lo hice porque lo que leía en internet, en otros blogs y foros me ayudaba y me consolaba y quería ser parte de eso, devolver algo de lo que me había proporcionado. Y porque me quería desahogar y no era realmente capaz de hacerlo en la “vida real” Lo acabé cerrando porque ni era constante, en ese momento tenía que concentrarme en otras cosas (otra razón para que deambulara tanto por internet, procrastinación…) y porque me daba un miedo horroroso que alguien me leyera (sí, sé lo que es internet y que podría haber usado un cuadernito en su lugar pero yo pensaba que tenía un escondite impenetrable y que ya si eso algún día lo daría a conocer). Recuerdo que me comentó una bloguera a la que yo seguía y admiraba porque al haber puesto yo un enlace en mi página ella acabó conociendo mi blog. Yo no tenía ni idea de que por ahí podía llegar al blog y me provoco mucha ansiedad que me escribiera y tener que responderle, aargh... (Sí, soy experta en convertir algo bueno en una historia de terror, yeah).

En fin, que este viaje al pasado es para explicar por qué para mí el llevar un par de meses con este blog es un logro. El haber tenido una cierta constancia, el saber que alguien lo pueda leer, haberme atrevido a interactuar, aunque sea mínimamente con otros blogs, gente que admiro, me gusta leer y que quiero que sepan que me aportan algo porque creo que es lo justo, en fin, que todo esto para mí es un gran avance. No me importan ahora mismo las estadísticas, que me quede mucho para que el blog tenga una personalidad clara, que no me organice y rara vez tenga claro de qué voy a escribir en el próximo post o que al final con tanto desahogo personal no aporte demasiado a nadie. Son cosas que intentaré ir mejorando pero me quedo con lo que he logrado y me siento satisfecha de seguir por aquí un día más.

Adiós 2016, has sido un año de ir tomando impulso. A ver donde llegamos.

Feliz año nuevo y  espero que este año logréis ser la mejor versión de vosotros mismos posible  y la más feliz.  Un beso.