SOBRE MÍ

martes, 20 de diciembre de 2016

Haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga


No tengo hijos. Pero la gente a mi alrededor empieza a tenerlos. Tengo sobrinos y trabajo con niños así que me relaciono con ellos, veo como son y como desde muy pequeñitos tienen unas personalidades bastante reconocibles. Unos son más responsables, otros son más inmaduros. Unos tienen las cosas muy claras y otros no tienen ni idea de lo que quieren. Pero dentro de las diferencias hay muchas características que les adjudicamos a los niños en general. Muchos "fallos" que achacamos a su inmadurez  o a que no se les está educando bien. Y en esto de como educar a los niños quien más y quien menos tiene un punto de vista, opina que esto mejor así o que esto no se debe hacer nunca. Vemos una actitud y tomamos nota mental de como reaccionaríamos nosotros a ella.

No voy a hablar de niños y su educación. En realidad al observar sus actitudes y reacciones no puedo evitar pensar en los adultos o bueno, en mí y algún que otro adulto como yo,  y en como criticamos y nos exasperan actitudes que nosotros también tenemos.

Soy una adulta. Soy independiente, tengo una vida funcional a simple vista y supongo que cumplo los requisitos para ser incluida en ese grupo. Y sin embargo no me siento como tal. No sé en qué momento se supone que ya di el salto pero a veces tengo la impresión de que me quedé en la adolescencia. Y aunque yo también me queje, también me reconozco.

Nos quejamos de que los niños están sobreestimulados, tienen demasiadas opciones de ocio y no son capaces de concentrarse... ¡Hola Internet!

Nos quejamos de que no son capaces de enfrentarse a la frustración y abandonan a la primera dificultad... ¡Hola procrastinación!

De que se quejan demasiado... ¡Hola blog mío!

De que echan balones fuera cuando se les piden explicaciones...¡Hola excusas!

De que se esfuerzan lo justo para ir tirando... ¡Hola mediocridad, contigo no puedo fallar!

De que no escuchan. No hacen caso. Cuantas veces hay que repetírtelo...(Cuántas veces me lo repito).

De que no tienen empatía...¡Hola querido ombligo!

De que solo se esfuerzan si hay un premio a la vista...o un castigo

Y nos dice el sentido común, y la supernanny, que a los niños hay que ponerles límites. Esperar que un niño sea lo suficientemente responsable para ponérselos solito es un acto de fe (aunque existen niños extrañamente responsables). Y asímismo yo también echo en falta límites. Soy una adulta, nadie viene a ver si he hecho mis deberes, a decirme que paso demasiado tiempo con el ordenador o que me coma la fruta. Ya consideran que yo sé lo que me hago y confian en mi criterio. Lo lógico. Y sin embargo yo me siento a menudo un fraude. No soy una persona completamente irresponsable. Cumplo cuando dejar de hacer algo va a perjudicar a otros, pero conmigo misma no tengo tantos miramientos. Me dejo tirada bastante a menudo.

Y ¿cuál es la solución? Cuando yo me siento fuera de control, cuando no estoy cumpliendo con lo que me prometí que haría, con el plan previsto, con lo que se supone que va a ser mejor para mí. Pues nada, me echo un sermón. Me regodeo en ver todas mis faltas, en decirme que no voy a llegar a ningún sitio. Que tú verás lo que haces, que eres la única perjudicada... Ya me lo sé. Ya lo he oído antes. Y no es que no me afecte pero aguanto el chaparrón, a lo mejor hago un tímido intento de cambiar las cosas... pero al final nada cambia demasiado.

Y eso es justo lo que pasa con los niños. Nos hartamos de decirles lo que deberían de hacer, como deberían ser y por mi experiencia, funciona bastante poco si no va acompañado de algún tipo de acción.
 No tengo las respuestas, no sé cuál es la mejor manera, la infalible. No voy a entrar en teorías pedagógicas. Pero la charlita doy fe de que no funciona. a largo plazo al menos. Y si les preguntas te describirán paso a paso lo que deberían hacer y como. No se trata de que no se sepan la teoría, la han oído demasiadas veces...

Y a mi definitivamente mi propia charla no me funciona. Y  sin embargo, erre que erre. Me sé la teoría. Y dedico tiempo reflexionar sobre todas estas cosas. Y esta indisciplina me está fastidiando. Me está perjudicando. Me veo a menudo atrapada en la autocomplacencia. En el hacer lo justo para ir tirando. Hay un insulto que siempre me ha parecido muy jodido, decirle a alguien que tiene la inteligencia justa para pasar el día. Y a veces me siento así. Sin hacer lo que me va a llevar a avanzar hacia algún sitio, a cambiar cosas. Hago lo justo para que no se me venga abajo lo que tengo. Al menos no hoy. Pero a la larga, no me estoy haciendo ningún favor.

¿Cómo te puedes poner límites y asegurarte de cumplirlos? Cuando me digo solo esta vez, mañana ya cumplo. Solo un ratito. No tiene tanta importancia... Soy una pusilánime conmigo misma y así de malcriada estoy saliendo.

He oído hablar de la figura del "accountablility partner". Sería alguien a quien rendir cuentas. Alguien con quien puedas compartir tus objetivos y las acciones que crees que debes tomar para conseguirlos. Alguien con quien puedas desahogarte pero sobre todo alguien que se va a interesar por saber si estás cumpliendo o no. Esa figura de autoridad que echamos en falta, quien nos ponga los límites. Y a veces el simple hecho de que no quieras decepcionar a esa tercera persona ya basta para que te pongas las pilas. Y también puede ser la persona encargada de imponer la sanción si no consigues cumplir con aquello que te habías propuesto.
Me resulta interesante. Por un lado entiendo que haya gente que vea un poco triste que uno no sea capaz de ser responsable por uno mismo. En fin, puedo sentirme culpable y fustigarme o puedo reconocerlo y buscar una solución que me pueda ayudar. Porque pensar que puedo, que mañana empiezo y que soy fuerte... ya lo he probado, no es suficiente, y pensar que otro día lo voy a pensar más fuerte sin hacer nada nuevo no es probable que me traiga resultados distintos. Tendré que probar a hacer algo nuevo. Y después de lloriquear por aquí un rato esto es lo que se me está ocurriendo.

Pero ¿quién podría interpretar ese papel para mí? La verdad es que no quiero encasquetarselo a nadie de mi vida real porque... creo que la principal razón es que me da vergüenza y porque tampoco querría ser una carga para nadie o que esto pudiera afectar de algún modo a nuestra relación. No sé, no veo a nadie ideal para eso en mi entorno. Estaría bien que existiera algún tipo de foro en el que se pudiera encontrar a alguien dispuesto o que fuera recíproco. Seguiré investigando.

He estado pensando hasta en qué castigo me podría imponer. Algo que tuviera que cumplir, y se pudiera comprobar. Hasta ahora se me ha ocurrido el tener que comprar algo que me fastidiara comprar. Como un libro escrito por alguien a quien deteste y sea totalmente contrario a mi forma de pensar. Que estuviera dándole dinero a esa persona... O tener que publicar una foto mía horrible en las redes sociales... O cortarme el dedo meñique... jaja. Seguiré pensando, modo masoca on.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Particularidades de introvertida


Pequeñas incomodidades, o grandes, según el día, que trae consigo la introversión. O quizá sean cosa mía. Manías e inseguridades. Batiburrillo de fastidios.


Un clásico. El teléfono
 Suena el teléfono. No espero llamada. No sé quien es. No quiero dejar lo que estoy haciendo. No quiero hablar. Suspiro.
- ¿Y por qué no llamas y preguntas?- me dices.
Porque... como explicarte. Y si no me sé explicar, y si me pongo nerviosa y me trabo. Y si no entiendo lo que me quieren decir. Y si acabo aceptando adquirir esa tarjeta, contratar ese seguro, apuntarme a un gimnasio o donar mi cuerpo a la ciencia en vida. O me da una taquicardia, me deshidrato por sudar copiosamente y me da una embolia. Quizá, puede, a lo mejor exagero un poco. Vale, tengo un miedo totalmente irracional, que por mucho que acabe teniendo que hacerlo no se domestica. Así que si lo puedo evitar lo evitaré.

Sordera emocional
- ¿Cómo dices?
 Repito lo dicho elevando ligeramente el tono.
-¿Qué?
Lo elevo algo más y empiezo a sentirme totalmente consciente de cada palabra que sale de mis labios, que no son tan importantes para ser gritadas. Frustrante. Es una tontería, pero odio tener que gritar mis palabras, y probablemente gritar para mí sea tono normal para ti. Hablo bajito normal.

Y sin embargo, tengo a veces problemas para escuchar lo que me dicen. Y ahora empiezo a ver que quizá no es un problema de sordera. Cuando hay ruido de fondo me cuesta desconectar y enfocarme en un canal de entrada solo. Soy la que pasa un mal rato en la discoteca, concierto, etc. porque, entre otras cosas, se siente bastante incapaz de participar en ninguna conversación. No me entero. No quiero pedir que me lo repitan tres veces. Al final solo queda elegir entre asentir o reirte y esperar a que sea la respuesta adecuada.

Miss fotogenia
Ponte ahí que te saque una foto. Te lo agradezco y probablemente agradeceré tener esa foto. O es posible que incluso te la haya pedido yo. Pero detestaré el tiempo entre colocarme y que le des al botón. No sé qué cara poner. Qué hacer con los brazos. Mantener la sonrisa mientras decides el mejor encuadre. Hell.




No recuerdo haber preguntado
No me gusta la necesidad que tienen algunas personas de comentar sobre tu forma de ser. A la ligera, como una broma, sin conocerte apenas. Qué callada eres, ¿qué te pasa?,  anímate, hoy vamos a hacer que te sueltes la melena... Yo no voy diciendo a los demás que hablan demasiado, que gritan mucho, que se relajen o que ¿por qué tan animados?

La invitación
Agradezco que me invites a ir, de veras. Pero si he declinado la invitación no insistas por favor. Si he dicho que no puedo por algo será. No me obligues a tener que elaborar excusas que tú puedas aceptar porque no te quepa en la cabeza que pueda no apetecerme ir.

Saludos
Ver a algún conocido por la calle u otro lugar no previsto. Verlo de lejos, con tiempo a reacción y que dependa de ti si saludar o hacerte la loca. Ese momento de indecisión, de valorar y por último de reaccionar, admito que normalmente con maniobra de evasión. Sentirte culpable luego.
O acabar saludando pero sentirte mal después porque de los nervios parece que has olvidado las normas mínimas de cortesía o  como articular frases completas con sentido. Haberte encima despedido con un "bueno, a ver si nos vemos..."

Fan de despedirme a la francesa. Evidentemente hay momentos y momentos. Pero si nos vemos a menudo o si apenas te conozco y voy a interrumpir, para qué la ronda de besos, los pero ya te vas, las formalidades. Gesto con la mano desde la puerta, y con que me haya visto alguien que corra la voz, ya.

Doña perfecta
Esos momentos en los que vas a hacer esperar. Como cuando estás buscando el dinero justo para pagar, no atinas con la tarjeta de transporte, esperas a entrar con el coche en una rotonda. Y en tu cabeza ves como se está formando una cola kilométrica detrás tuya mientras comparten miradas de desaprobación...

Meter la pata, dar un dato incorrecto, equivocarme en una frase hecha, un comentario inoportuno... igual ni te has dado cuenta o no me lo tomas en cuenta, sin embargo todos estos errores me pueden perseguir durante días. Y provocarme un pellizco en el estómago cada vez que me acuerde.

Protagonista
Estoy con un grupo de gente. Numeroso o no. Alguien hace el comentario fatídico. Pues Verónica te lo puede explicar, cuéntales, a ella se le da bien x... Todas las miradas se dirigen a mí. Mi cuerpo de repente recibe la señal de alarma. Adrenalina... Cerebro cerrando puertas. Balbuceemos pues y contemos a posteriori todas las respuestas perfectas que podría haber dado en ese momento.
No me gusta ser el centro de atención y menos cuando no he sido yo la que ha osado a serlo.

Lebensraum
Sé que hay gente que es muy de tocar. Vale. Yo no lo soy. No me sale natural y requiere bastante confianza que lo pueda hacer así sin pensar, sin darle importancia. A veces mi cuerpo reacciona solo y se encoge un poco. No lo hago aposta. Lo siento.


Y juro que no odio a la gente. De hecho soy bastante comprensiva. Pero tengo mis cosillas y seguro que formarán parte de la lista de otros. Pero de todo tiene que haber. De qué nos vamos a quejar si no...



viernes, 9 de diciembre de 2016

Gimnasia mental



En el anterior post hablaba de flow o flujo, o el estar absorto en alguna actividad y como eso nos podía proporcionar satisfacción y algo parecido a la felicidad. Pues quiero seguir ahondando en este concepto y proponer(me) maneras de ir incorporando más de estos momentos en mi vida.

Un prerrequisito para ser capaz de llegar a este estado es tener una mayor capacidad de atención e intentar evitar el estado de entropía o caos en la mente.  Si equipamos de un contenido estable a nuestra mente, esta será más rica. El orden de la conciencia no dependerá del orden "exterior" y no necesitará tantos estímulos externos (distracciones) para huir de esa entropía.

Formas de acercarse a ese orden 

Memoria

Una recomendación que ofrece Mihaly Csikszentmihalyi es utilizar la memoria. Me ha gustado este punto porque es algo que siempre me ha agobiado. Tengo mala memoria. Envidio a esas personas que pueden recordar diálogos de películas, citas, datos que aprendieron en el colegio chistes, anécdotas mil, etc. Yo tengo problemas para relatar, puede recordar la esencia de algo, pero pierdo detalles y me cuesta horrores ponerlo en pie para compartirlo con alguien. Pues bien, aquello que conseguimos memorizar e interiorizar es lo que va conformando nuestras estructuras de pensamiento, los cimientos de lo que después vamos construyendo.

La memoria está cada vez más denostada. Todo el conocimiento ya está ahí, al alcance de nuestros dedos. ¿Para qué memorizar como loros, dicen? Pero sin una base no podemos manejar toda esa información, ser críticos, ampliar… no sé, creo que vamos en mala dirección. Ni tanto ni tan calvo. Podría compararse con saber una lengua. Es cierto que puedo usar el traductor y que no tengo que saber el significado de cada una de las palabras que la conforman. Pero sin una base, el proceso siempre será lento y costoso y si tuviera que empezar a buscar palabras cada vez que quisiera expresar o comprender algo no avanzaría mucho ni conseguiría ir incorporando y haciendo crecer los elementos que me ayudan a formar frases y comunicarme. No es práctico. No me ayuda a avanzar.

En este sentido voy a probar a dedicar todos los días unos minutos a centrarme en lo que ha pasado ese día. A recontarme lo que ha pasado. Con detalles. Intentar trabajar la memoria y ayudar a fijar información que quizá sea útil y práctica para no sentirme tabula rasa tan a menudo.

Estudiar un idioma también me parece una forma interesante de ejercitar la memoria y de forzar a la mente a nuevas construcciones. Tengo una espinita clavada con el japonés y aunque no me vaya a servir de mucho voy a intentar hacerle un hueco y a disfrutar de esa actividad, cuando pueda, sin agobiarme con objetivos, porque sí.

Poesía 

Otra recomendación del libro Fluir: Una psicología de la felicidad es leer poesía. Tiene su porqué. Te tienes que parar cuando lees poesía. Tienes que usar la imaginación, pensar en el porqué de cada palabra, su papel y su sentido. Y una sola palabra puede abrir una ventana sobre un nuevo paisaje del mundo, para comenzar un viaje interior.
 
Reconozco que la poesía no es algo que haya apreciado en su justa medida. Soy impaciente con las palabras. Siempre estoy esperando que me lleven al siguiente hecho. Quiero que me cuenten su historia. Me cuesta parar a contemplar el paisaje.  Le quiero dar una oportunidad aunque no sé muy bien por donde empezar. Acepto recomendaciones. He sacado un libro de Benedetti de la biblioteca. Me gusta su prosa así que voy a probar y a leer cada poema con tranquilidad y quizás a memorizar mis favoritos.

Ya he probado a memorizar un poema. Me ha gustado la experiencia. Para mí es más sencillo que la meditación. Mi mente tiene un propósito. Está centrada en algo concreto y está trabajando para conseguir ese objetivo. Y además se lleva un souvenir.

El poema ha sido The Beasts de Walt Whitman. Me lo he complicado un poco y lo he elegido en versión original. Venía en la introducción de La conquista de la felicidad y me gustó su mensaje, los animales no son unos llorones y son minimalistas.

THE BEASTS

I think I could turn and live with animals, they are so placid and self-contain’d;

I stand and look at them long and long.

They do not sweat and whine about their condition;

They do not lie awake in the dark and weep for their sins;

They do not make me sick discussing their duty to God;

Not one is dissatisfied - not one is demented with the mania of owning things;

Not one kneels to another, nor to his kind that lived thousands of years ago;

Not one is respectable or industrious over the whole earth.

Hay varias traducciones, y algunas no me han gustado mucho. Y creo que hay palabras mal traducidas o quizá yo lo he interpretado de otra manera. Pero es que realmente es complicado traducir poesía. Algunos sentidos tienes que tratar de adivinarlos y no perder cierta musicalidad. Esta es la que más fiel me ha parecido.

Creo que podría retornar y vivir con los animales, son tan plácidos y autónomos.
Me detengo y los observo largamente.
Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación.
No lloran sus pecados en la oscuridad del cuarto.
No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios.
Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos.
Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios.
Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra.

Siempre me ha parecido bonito cuando mi padre recita alguna poesía que aprendió en su niñez o juventud. Lo admiro y además supongo que para él es también como una forma de viajar en el tiempo y recordar momentos y sensaciones. Yo recuerdo algún fragmento disperso o canciones de dibujitos y también me resultan recuerdos reconfortantes. No es lo mismo aprenderlo yo sola en mi habitación ahora, porque también tiene un componente social y de comunidad, pero tiene su punto.

 Aprender

En el libro hay múltiples propuestas. Tanto en el ámbito físico y de los sentidos, como en el psíquico. Resumiendo, es cuando controlas un "lenguaje" y adquieres conocimientos suficientes cuando puedes realmente disfrutar de una manera significativa de distintas actividades.
Desde controlar los movimientos de la manera más eficiente en deportes o bailes, conocer en profundidad los “lenguajes” del arte, la música o la gastronomía para ser capaz de disfrutarlos plenamente. O cualquier otro lenguaje simbólico y así disfrutar de la ciencia, la historia, la escritura, la filosofía, tocar un instrumento o cualquier otra noción que se pueda aprender por el placer de aprender.

Defiende la figura del amateur o el diletante no como alguien que no tiene los conocimientos suficientes sino en su sentido original, el que ama o se deleita, cuyo objetivo es intrínseco y no el de demostrar lo capaz que es uno. 

Hay mucho donde elegir y poco tiempo, lo sé. De momento escribo aquí e intento elegir lecturas que me abran nuevos horizontes, algo es algo. Y mi ukelele, comprado en un arrebato "hipster" me está mirando de reojo. A ver si hacemos algo. 

domingo, 4 de diciembre de 2016

¿Y qué es ser feliz?




¿Cuál es el principal objetivo que nos planteamos en nuestra vida? ¿A dónde queremos llegar? Cuando nos obsesionamos por conocernos mejor, tomar mejores decisiones y ser mejores en definitiva, ¿cuál es es fin último? Supongo que todos aspiramos a ser felices. ¿Pero qué es la felicidad? ¿Es un destino al que llegaremos si vamos por el camino correcto sin desviarnos? Creo que ya empezamos a tener claro que no es una meta que vayamos a alcanzar y ya. No tiene unas características definidas que cuando consigues reunirlas ya instantaneamente te dan el carné del club de gente feliz y ya lo eres oficialmente de por vida. Lo que suele ocurrir es que cuando llegamos al lugar que pensábamos que era la cima siempre vemos otra cima más allá que esa sí debe ser la que estabas buscando, porque esa a la que has llegado igual no está mal pero no es tan genial como pensabas. Debe ser aquella otra que brilla a lo lejos.


Pero el sentimiento de felicidad existe. No es un mito. Creo que todo el mundo la ha podido saborear en algún momento en su vida. Pero ahí está la cosa. Es una sensación pasajera. No la podemos atrapar y guardárnosla en el bolsillo. Siempre se escapa. Supongo que lo único que podemos hacer es estar bien despiertos para verla llegar, intentar que le apetezca quedarse un poquito y no sentirnos demasiado mal cuando se escabulla.

Me gustaría divagar un poco acerca de enfoques sobre la felicidad y de como pequeñas cosas que, a veces, podemos controlar, pueden ser la clave para conseguir coleccionar más de esos breves momentos de felicidad.



Vaya por delante que ni soy psicóloga, ni experta en felicidad, ni en filosofía. He leído por aquí y por allí y simplemente hay ciertas ideas que me han parecido sensatas y lógicas y me apetece compartirlas. Estoy a punto de soltar un rollo importante, lo mejor hilado que he podido, espero que tenga sentido también fuera de mi cabeza y pueda resultar interesante.


En este post me voy a quedar con una idea que establece que esa felicidad que perseguimos llega en un estado de concentración. Cuando hacemos algo que nos gusta, que requiere toda nuestra atención y nos aisla de todo lo demás. Es el estado de flow. Es una teoría del neurocientífico Mihaly Csikszentmihalyi. Esa actividad normalmente tiene que estar adaptada a nosotros, es decir a nuestros gustos y motivaciones pero también tener un nivel de dificultad que nos presente un desafío pero que no sea imposible para nuestras destrezas, y en la que podamos ver y valorar lo que avanzamos. Es decir, que sea posible tener éxito y nos pueda resultar satisfactoria. Un ejemplo bastante gráfico puede ser la escalada: tienes que estar totalmente concentrado en lo que haces o más te vale... y evidentemente puedes valorar si logras tu objetivo o no. Durante esa actividad estás en un estado de total mindfulness, otro término de moda últimamente.


Los pasos para convertir una actividad, por simple que sea, en una actividad capaz de producir flow serían los siguientes:


a) establecer una meta general y tantas submetas como sea necesario

b) encontrar maneras de medir el progreso desde el punto de vista de las metas elegidas

c) concentrarse en lo que uno hace y realizar distinciones cada vez más precisas en los desafíos involucrados en la actividad

d) desarrollar las habilidades necesarias para interactuar con las oportunidades disponibles

e) elevar el nivel si la actividad nos aburre


En su libro Fluir una psicología de la felicidad, hay ejemplos de personas que en situaciones extremas consiguen agarrarse a actividades sencillas y convertirlas en un reto que da sentido a sus vidas. Por ejemplo habla de presos en aislamiento que recurren a diseñar objetos con lo que tienen a mano, componer poemas y memorizarlos, practicar idiomas que estudiaron alguna vez, jugar al ajedrez contra uno mismo en su cabeza, etc. También habla de una tribu india en la región Shuswap que una vez establecida en un lugar, después de haber dominado el entorno exitósamente al no presentar este ya un desafío, deciden mudar al pueblo entero a otra zona para empezar de nuevo. Consideran que la vida sin retos no tiene sentido así que recupera el sentido cuando tienen que volver a encontrar sustento en una nueva área.

Me gusta la idea de que pase lo que pase a nuestro alrededor tenemos la capacidad de mejorar, de sobreponernos y de adaptarnos. Es una capacidad que hay que trabajar, mucho, para lo que algunos están mejor preparados que otros, pero que está ahí y hay ejemplos de personas en circunstancias horribles que no se han detenido para regodearse en lo injusto de su destino.


Sin embargo no es fácil llegar a esos momentos. Hay unos prerequisitos que cumplir y hay ciertas características personales que nos lo pueden complicar. Csikszentmihalyi (menos mal que existe el copiapega) habla de modelos de sociedad que no permitirían a la población disfrutar y habla de la anomía, que se define como un estado de desorganización social o aislamiento del individuo como consecuencia de la falta o la incongruencia de las normas sociales y de la alienación con la que se condiciona al individuo o colectividad por factores externos sociales, económicos o culturales.


Al igual que en esas condiciones la sociedad no encuentra la oportunidad de desarrollarse y encontrar el bienestar, establece un paralelismo entre estos modelos y distintas personalidades. Así, una persona con problemas de atención no encontrará la manera de concentrarse y de seguir unas pautas, como en la anomía. Y una persona que sea demasiado autoconsciente o narcisista, se autoimpone unas normas que no le dejan disfrutar y abandonarse a ciertos placeres, y se encuentra en cierto modo alienada por sus propias exigencias. Si me preocupa en exceso lo que piensan los demás o todo lo que me rodea lo veo y valoro solo en cuanto me pueda servir para beneficiarme, no soy capaz de disfrutar de la experiencia en sí misma, si no que dependerá de la imagen que proporcione de mí o de lo que consiga de ella. La atención estará enfocada en uno mismo.



Es cuando logramos enfocar nuestra atención en algo que nos estimula es cuando podemos sentir esa satisfacción. El fin es desarrollar una personalidad autotélica. Una persona es autotélica si se siente gratificada con todas las actividades que hace. Y esto a su vez las vuelve personas más independientes, auténticas, y que no pueden ser manipuladas ni con recompensas externas ni con amenazas. La persona está absolutamente segura de dónde se encuentra, lo que está haciendo y hacia donde pretende ir.


A este respecto resulta interesante la clave de la felicidad que expone Bertrand Russell en La conquista de la felicidad:


Poco a poco aprendí a ser indiferente a mí mismo y a mis deficiencias; aprendí a centrar la atención, cada vez más, en objetos externos: el estado del mundo, diversas ramas del conocimiento, individuos por los que sentía afecto. Es cierto que los intereses externos acarrean siempre sus propias posibilidades de dolor: el mundo puede entrar en guerra, ciertos conocimientos pueden ser difíciles de adquirir, los amigos pueden morir. Pero los dolores de este tipo no destruyen la cualidad esencial de la vida, como hacen los que nacen del disgusto por uno mismo. Y todo interés externo inspira alguna actividad que, mientras el interés se mantenga vivo, es un preventivo completo del ennui. En cambio, el interés por uno mismo no conduce a ninguna actividad de tipo progresivo.



Aquí viene el momento penoso de aplicarse esto a uno mismo. Y reconozco que me veo retratada. Soy demasiado consciente de mí misma y es doloroso pararme a pensar en cuantas veces la inseguridad, el miedo a lo que piensen los demás y a no estar siendo adecuada no me han permitido disfrutar de ciertos momentos. Y también pienso como a veces me ha faltado disciplina para hacer lo que quería hacer y sumergirme realmente en algo que me interesara. Y en como al final esa frustración te lleva a buscar refugio en el olvido y la distracción. Será por oferta de entretenimientos...

Pero no es un estado inamovible. Quedémonos con eso.


Al final, aunque me fastidia reconocerlo porque es más fácil culpar de nuestros males a factores externos, la capacidad de disfrutar de algo no depende tanto de qué estás haciendo sino de cómo lo estás haciendo. Y no depende tanto de tus capacidades sino del reto que tú te plantées, porque te interese a ti, no a otros y no para conseguir reconocimiento. Todos tenemos nuestro punto de vanidad, pero si solo te valoras en relación con la respuesta de los demás, ni disfrutarás haciendo ni la respuesta será nunca lo suficientemente buena. Siempre podrás aspirar a más.


Pongamos de ejemplo el estar escribiendo esto ahora mismo. Lo hago porque me resulta un reto y porque me da la oportunidad de organizar y volcar lo que voy leyendo y absorbiendo poco a poco. Es difícil para mí y disfruto mientras lo hago y veo como una pequeña idea va creciendo, a veces parece que con vida propia. Sin embargo, a veces reconozco que me paro a pensar si resultará de interés, si podría tener más lectores si escribiera de otra manera o de otra cosa, si no seré una pesada o si no habrá tropecientos blogs parecidos a este. O siento curiosidad y miro las estadísticas de visitas y me decepciona que no haya o que las que hay se vayan sin comentar y no pueda saber si les gusta o no lo que han visto (yo también me voy sin comentar a menudo, no es un reproche, hablo de expectativas simplemente). Y algo que era una actividad satisfactoria para mí se puede convertir en una frustración o una inseguridad. Así que todo encaja. Bueno, al menos sigo por aquí a pesar de las inseguridades. Y seguiré aquí mientras siga disfrutando de lo que hago. Y lo demás, habrá que ir aprendiendo a ignorarlo...


Todos en este viaje nos esforzamos por encontrar la mejor ruta. Quiero seguir buscando la mía y sé que por mucho que me prepare el viaje siempre va a haber imprevistos, tanto externos a mí como creados por mí. Pero lo importante es que disfrute preparándome, que intente aprender de mis errores y que me de cuenta de que el viaje, en sí mismo, es el fin. No el destino final, ni lo que otros piensen del viaje. Evidentemente quiero ir en la dirección que me proponga y quiero encontrarme con otros en el camino aunque estos piensen que otros caminos sean mejores y opinen del mío. Pero lo importante es avanzar, ir adquiriendo experiencias y asomarme a la ventanilla siempre que pueda para ver el mundo fuera de mi coche.