SOBRE MÍ

domingo, 4 de diciembre de 2016

¿Y qué es ser feliz?




¿Cuál es el principal objetivo que nos planteamos en nuestra vida? ¿A dónde queremos llegar? Cuando nos obsesionamos por conocernos mejor, tomar mejores decisiones y ser mejores en definitiva, ¿cuál es es fin último? Supongo que todos aspiramos a ser felices. ¿Pero qué es la felicidad? ¿Es un destino al que llegaremos si vamos por el camino correcto sin desviarnos? Creo que ya empezamos a tener claro que no es una meta que vayamos a alcanzar y ya. No tiene unas características definidas que cuando consigues reunirlas ya instantaneamente te dan el carné del club de gente feliz y ya lo eres oficialmente de por vida. Lo que suele ocurrir es que cuando llegamos al lugar que pensábamos que era la cima siempre vemos otra cima más allá que esa sí debe ser la que estabas buscando, porque esa a la que has llegado igual no está mal pero no es tan genial como pensabas. Debe ser aquella otra que brilla a lo lejos.


Pero el sentimiento de felicidad existe. No es un mito. Creo que todo el mundo la ha podido saborear en algún momento en su vida. Pero ahí está la cosa. Es una sensación pasajera. No la podemos atrapar y guardárnosla en el bolsillo. Siempre se escapa. Supongo que lo único que podemos hacer es estar bien despiertos para verla llegar, intentar que le apetezca quedarse un poquito y no sentirnos demasiado mal cuando se escabulla.

Me gustaría divagar un poco acerca de enfoques sobre la felicidad y de como pequeñas cosas que, a veces, podemos controlar, pueden ser la clave para conseguir coleccionar más de esos breves momentos de felicidad.



Vaya por delante que ni soy psicóloga, ni experta en felicidad, ni en filosofía. He leído por aquí y por allí y simplemente hay ciertas ideas que me han parecido sensatas y lógicas y me apetece compartirlas. Estoy a punto de soltar un rollo importante, lo mejor hilado que he podido, espero que tenga sentido también fuera de mi cabeza y pueda resultar interesante.


En este post me voy a quedar con una idea que establece que esa felicidad que perseguimos llega en un estado de concentración. Cuando hacemos algo que nos gusta, que requiere toda nuestra atención y nos aisla de todo lo demás. Es el estado de flow. Es una teoría del neurocientífico Mihaly Csikszentmihalyi. Esa actividad normalmente tiene que estar adaptada a nosotros, es decir a nuestros gustos y motivaciones pero también tener un nivel de dificultad que nos presente un desafío pero que no sea imposible para nuestras destrezas, y en la que podamos ver y valorar lo que avanzamos. Es decir, que sea posible tener éxito y nos pueda resultar satisfactoria. Un ejemplo bastante gráfico puede ser la escalada: tienes que estar totalmente concentrado en lo que haces o más te vale... y evidentemente puedes valorar si logras tu objetivo o no. Durante esa actividad estás en un estado de total mindfulness, otro término de moda últimamente.


Los pasos para convertir una actividad, por simple que sea, en una actividad capaz de producir flow serían los siguientes:


a) establecer una meta general y tantas submetas como sea necesario

b) encontrar maneras de medir el progreso desde el punto de vista de las metas elegidas

c) concentrarse en lo que uno hace y realizar distinciones cada vez más precisas en los desafíos involucrados en la actividad

d) desarrollar las habilidades necesarias para interactuar con las oportunidades disponibles

e) elevar el nivel si la actividad nos aburre


En su libro Fluir una psicología de la felicidad, hay ejemplos de personas que en situaciones extremas consiguen agarrarse a actividades sencillas y convertirlas en un reto que da sentido a sus vidas. Por ejemplo habla de presos en aislamiento que recurren a diseñar objetos con lo que tienen a mano, componer poemas y memorizarlos, practicar idiomas que estudiaron alguna vez, jugar al ajedrez contra uno mismo en su cabeza, etc. También habla de una tribu india en la región Shuswap que una vez establecida en un lugar, después de haber dominado el entorno exitósamente al no presentar este ya un desafío, deciden mudar al pueblo entero a otra zona para empezar de nuevo. Consideran que la vida sin retos no tiene sentido así que recupera el sentido cuando tienen que volver a encontrar sustento en una nueva área.

Me gusta la idea de que pase lo que pase a nuestro alrededor tenemos la capacidad de mejorar, de sobreponernos y de adaptarnos. Es una capacidad que hay que trabajar, mucho, para lo que algunos están mejor preparados que otros, pero que está ahí y hay ejemplos de personas en circunstancias horribles que no se han detenido para regodearse en lo injusto de su destino.


Sin embargo no es fácil llegar a esos momentos. Hay unos prerequisitos que cumplir y hay ciertas características personales que nos lo pueden complicar. Csikszentmihalyi (menos mal que existe el copiapega) habla de modelos de sociedad que no permitirían a la población disfrutar y habla de la anomía, que se define como un estado de desorganización social o aislamiento del individuo como consecuencia de la falta o la incongruencia de las normas sociales y de la alienación con la que se condiciona al individuo o colectividad por factores externos sociales, económicos o culturales.


Al igual que en esas condiciones la sociedad no encuentra la oportunidad de desarrollarse y encontrar el bienestar, establece un paralelismo entre estos modelos y distintas personalidades. Así, una persona con problemas de atención no encontrará la manera de concentrarse y de seguir unas pautas, como en la anomía. Y una persona que sea demasiado autoconsciente o narcisista, se autoimpone unas normas que no le dejan disfrutar y abandonarse a ciertos placeres, y se encuentra en cierto modo alienada por sus propias exigencias. Si me preocupa en exceso lo que piensan los demás o todo lo que me rodea lo veo y valoro solo en cuanto me pueda servir para beneficiarme, no soy capaz de disfrutar de la experiencia en sí misma, si no que dependerá de la imagen que proporcione de mí o de lo que consiga de ella. La atención estará enfocada en uno mismo.



Es cuando logramos enfocar nuestra atención en algo que nos estimula es cuando podemos sentir esa satisfacción. El fin es desarrollar una personalidad autotélica. Una persona es autotélica si se siente gratificada con todas las actividades que hace. Y esto a su vez las vuelve personas más independientes, auténticas, y que no pueden ser manipuladas ni con recompensas externas ni con amenazas. La persona está absolutamente segura de dónde se encuentra, lo que está haciendo y hacia donde pretende ir.


A este respecto resulta interesante la clave de la felicidad que expone Bertrand Russell en La conquista de la felicidad:


Poco a poco aprendí a ser indiferente a mí mismo y a mis deficiencias; aprendí a centrar la atención, cada vez más, en objetos externos: el estado del mundo, diversas ramas del conocimiento, individuos por los que sentía afecto. Es cierto que los intereses externos acarrean siempre sus propias posibilidades de dolor: el mundo puede entrar en guerra, ciertos conocimientos pueden ser difíciles de adquirir, los amigos pueden morir. Pero los dolores de este tipo no destruyen la cualidad esencial de la vida, como hacen los que nacen del disgusto por uno mismo. Y todo interés externo inspira alguna actividad que, mientras el interés se mantenga vivo, es un preventivo completo del ennui. En cambio, el interés por uno mismo no conduce a ninguna actividad de tipo progresivo.



Aquí viene el momento penoso de aplicarse esto a uno mismo. Y reconozco que me veo retratada. Soy demasiado consciente de mí misma y es doloroso pararme a pensar en cuantas veces la inseguridad, el miedo a lo que piensen los demás y a no estar siendo adecuada no me han permitido disfrutar de ciertos momentos. Y también pienso como a veces me ha faltado disciplina para hacer lo que quería hacer y sumergirme realmente en algo que me interesara. Y en como al final esa frustración te lleva a buscar refugio en el olvido y la distracción. Será por oferta de entretenimientos...

Pero no es un estado inamovible. Quedémonos con eso.


Al final, aunque me fastidia reconocerlo porque es más fácil culpar de nuestros males a factores externos, la capacidad de disfrutar de algo no depende tanto de qué estás haciendo sino de cómo lo estás haciendo. Y no depende tanto de tus capacidades sino del reto que tú te plantées, porque te interese a ti, no a otros y no para conseguir reconocimiento. Todos tenemos nuestro punto de vanidad, pero si solo te valoras en relación con la respuesta de los demás, ni disfrutarás haciendo ni la respuesta será nunca lo suficientemente buena. Siempre podrás aspirar a más.


Pongamos de ejemplo el estar escribiendo esto ahora mismo. Lo hago porque me resulta un reto y porque me da la oportunidad de organizar y volcar lo que voy leyendo y absorbiendo poco a poco. Es difícil para mí y disfruto mientras lo hago y veo como una pequeña idea va creciendo, a veces parece que con vida propia. Sin embargo, a veces reconozco que me paro a pensar si resultará de interés, si podría tener más lectores si escribiera de otra manera o de otra cosa, si no seré una pesada o si no habrá tropecientos blogs parecidos a este. O siento curiosidad y miro las estadísticas de visitas y me decepciona que no haya o que las que hay se vayan sin comentar y no pueda saber si les gusta o no lo que han visto (yo también me voy sin comentar a menudo, no es un reproche, hablo de expectativas simplemente). Y algo que era una actividad satisfactoria para mí se puede convertir en una frustración o una inseguridad. Así que todo encaja. Bueno, al menos sigo por aquí a pesar de las inseguridades. Y seguiré aquí mientras siga disfrutando de lo que hago. Y lo demás, habrá que ir aprendiendo a ignorarlo...


Todos en este viaje nos esforzamos por encontrar la mejor ruta. Quiero seguir buscando la mía y sé que por mucho que me prepare el viaje siempre va a haber imprevistos, tanto externos a mí como creados por mí. Pero lo importante es que disfrute preparándome, que intente aprender de mis errores y que me de cuenta de que el viaje, en sí mismo, es el fin. No el destino final, ni lo que otros piensen del viaje. Evidentemente quiero ir en la dirección que me proponga y quiero encontrarme con otros en el camino aunque estos piensen que otros caminos sean mejores y opinen del mío. Pero lo importante es avanzar, ir adquiriendo experiencias y asomarme a la ventanilla siempre que pueda para ver el mundo fuera de mi coche.








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